Entre los casos en los que la poca vergüenza es conveniente para hacer una buena vida, vale la pena mencionar aquellas situaciones en las que por no atrevernos a decir «no», o rechazar un pedido hecho por alguien, nos vemos en circunstancias que nos resultan indeseables, o en las que nuestros derechos son abusados.
Por ejemplo, alguien puede pedirnos prestado dinero que tenemos destinado a otro propósito. Sin embargo, por vergüenza de decir «no», se lo prestamos. O bien, precisamente el día en que teníamos planificado permanecer en casa después de una semana abrumadora, una de nuestras amistades nos pide acompañarle a visitar a su suegra, ya que no quiere hacerlo sin compañía. Y como nos produce algo de vergüenza tener una razón tan poco relevante para negarnos, accedemos y nos vemos luego instalados en una visita que no queremos hacer.
Saber negarse es una habilidad fundamental para hacer la vida que deseamos. Es importante porque afirma nuestros derechos y nos hace diferenciarnos de los demás, afirmando nuestra identidad. También porque ayuda a que los demás respeten nuestros derechos. No se trata de negarse a todo como una persona intratable o insensible. Hay situaciones en las que el otro realmente nos necesita y sería mejor para todos que seamos generosos.
Es necesario valorar la naturaleza de la situación, evaluando nuestros objetivos y los del otro, y si el otro tiene medios alternativos para cumplir con su objetivo. Se trata de valorar y darle importancia a nuestros objetivos y al derecho que tenemos de cumplirlos.


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