En busca de mi «Yo verdadero».

Consulta psicólogo
Wilson Vidal

Wilson Vidal Sotomayor

Un pilar básico de hacer una buena vida es funcionar de manera coherente con lo que uno mismo es. Sin embargo, para muchas personas puede ser difícil comprender y reconocer los elementos claves de ese «uno mismo». Lo cierto es que el componente esencial de ese uno mismo es la disposición emocional que uno siente respecto de verse a sí mismo actuando de una cierta manera. Por ejemplo: si alguien me pide dinero prestado para hacer una fiesta, ¿cómo me siento respecto de verme a mí mismo prestándoselo, o no haciéndolo?

La vida es un constante flujo de decisiones de comportamiento; permanentemente estamos decidiendo qué vamos a hacer, dado lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Ser fiel a uno mismo sería, entonces, en cada una de esas decisiones, considerar como base qué curso de acción me hará sentir mejor, más satisfecho, más plenamente realizado(a). Como se puede ver, es una clave que se afinca más en lo emocional que en lo racional. No es que la razón no intervenga, sino más bien juega un papel de apoyo instrumental que puede ser necesario. Por ejemplo, a través de la razón podemos explorar esa parte de «vernos a nosotros mismos…» en una situación, a fin de reconocer la disposición emocional que nos es propia para esa situación.

Por lo general, las disposiciones emocionales (a diferencia de las emociones básicas) son sutiles y pueden pasar desapercibidas. Por ejemplo, los valores que sostiene una persona madura son básicamente disposiciones emocionales, pero no son emociones intensas o impulsivas. A veces una persona puede no reconocer una disposición valórica en sí misma, ya que los elementos racionales, u otros, se superponen en la experiencia y le dificultan acceder a la sutileza de sus valoraciones. También los impulsos emocionales violentos nos ocultan las disposiciones emocionales. Sin embargo, los elementos racionales o impulsivos de nuestra experiencia siempre son transitorios y pueden cambiar con facilidad. Sin embargo, nuestras disposiciones emocionales relacionadas con verse uno mismo comportándose de cierta manera son mucho más estables y permanentes, conformando la constelación de actitudes que es nuestra identidad personal.

Entonces, en la acelerada vida que hoy nos rodea, llena de situaciones y estímulos diversos que gatillan en nosotros toda clase de impulsos, imágenes, sensaciones y percepciones, es una buena idea aprender a tomarse unos momentos para reconocer nuestras disposiciones emocionales ante nuestras decisiones de acción antes de llegar y actuar por impulso. Eso es clave para hacer una buena vida.

0 comentarios

Enviar un comentario