Empatía: ¿Necesidad o lujo?

Wilson Vidal

Wilson Vidal Sotomayor

La respuesta es contundente: ¡Sin duda es necesaria! No es posible vivir bien si no somos capaces de ejercer la empatía con quienes nos rodean. Ejercer la empatía es percibir y apreciar una situación con la mirada del otro, desde la perspectiva del otro, sin que se mezcle con la propia. No es fácil. Implica suspender nuestra propia manera de apreciar la situación, así como los juicios que la postura del otro nos pueda merecer. Significa experimentar la situación tal como la experimenta el otro y comprender las diferencias que su experiencia tiene con la nuestra. Es un ejercicio de real comprensión de la experiencia del otro.

La empatía no es una capacidad innata; se adquiere y se entrena. La manera más común de adquirir esta capacidad es a través de ser objeto de empatía por parte de otros, y ser guiado a aceptar y comprender la experiencia de otros, experiencias que especialmente son necesarias en la familia de origen. Por el contrario, los niños que tienen padres demasiado orientados a controlarlos y manipularlos no adquieren esta capacidad, o lo hacen de manera muy rudimentaria. De todos modos, es una capacidad que se puede reforzar en cualquier edad de la vida.

Cuando ejercemos la empatía nos damos cuenta que en la vida hay diferentes maneras de valorar y entender las mismas situaciones, lo cual es un dique de contención a nuestra arrogancia y una buena base en la cual fundar el respeto por los demás. Ejercerla no significa renunciar a nuestra manera de apreciar las situaciones, sino ampliarla al tener en cuenta otras miradas posibles y, sobre todo, que nuestra mirada no es toda la verdad. Es la capacidad que nos permite vivir en sociedad de manera más o menos armoniosa e integrada. Carecer de esta capacidad, o no ejercerla, es lo que nos hace ser ya sea insensibles o manipuladores en nuestras relaciones, lo que no nos facilita tener una buena vida.

Hay incontables conflictos entre personas, que pueden causar mucho daño, que se gatillan cuando alguna de ellas fracasa en ejercer la empatía y se lanza impulsivamente a ejercer control sobre otra(s) en un vano intento por determinarles el comportamiento. Es precisamente la pérdida del control sobre el otro lo que atemoriza a muchas personas y el motivo por el cual caen en manipulaciones. Sin embargo, controlar a otros pervierte la naturaleza humana y perjudica no solo las relaciones entre personas, sino también a cada uno de los involucrados en ellas.

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