El amor de pareja como vocación

Wilson Vidal

Wilson Vidal Sotomayor

Pretender que uno puede escribir sobre el amor de pareja y describirlo o explicarlo de manera más o menos completa es una tremenda osadía. Ni siquiera un libro sobre el tema sería suficiente. No es el propósito de esta nota. Pero si lo es detenerse en algunos aspectos de esta maravillosa experiencia y ofrecer algunas reflexiones que arrancan desde las conversaciones que sostenemos en la práctica clínica en terapia de parejas. Porque existen muchas maneras de herir y dañar el amor, a menudo sin darse cuenta, y puede ser útil que alguna voz nos prevenga de cometer errores de consecuencias lamentables.

Un error profusamente difundido entre las personas, es entender el amor simplemente como “un sentimiento”. En realidad en el amor tiene lugar un cúmulo enorme y variado de sentimientos, desde el éxtasis de la intimidad, pasando por la ternura, la plenitud, y llegando hasta la rabia, la decepción y lo que se necesita sentir para superar estas últimas. El amor es algo así como un contenedor que no puede ser comprendido de la misma manera que alguno de sus componentes particulares.

El peligro de simplificarlo de esta manera aparece de múltiples formas. Hay quien puede creer que si no experimenta constantemente un sentimiento cercano al éxtasis, entonces las cosas están mal, y puede comenzar a presionar a su pareja por motivos que a ésta le pueden resultar incomprensibles. O puede haber otra persona que nunca se compromete, hasta no constatar que está todo el tiempo encendido por la llama de la ternura o la plenitud, o lo que sea el sentimiento que entiende por amor, generando así una confusión que para su pareja puede ser desesperante.

Vale más la pena entender el amor de pareja como una vocación. Esto es, como una experiencia parecida en su estructura (aunque no en su significado e intensidad) a lo que vivenciamos con nuestra vocación profesional o de vida. Al igual que en esta, en el amor de pareja hay un sentido de proyecto de vida a largo plazo, en este caso con un interés definido en aliarse con una persona específica para la realización de ese proyecto. En el amor de pareja se viven intensos momentos de realización personal, tal como en la realización vocacional.

También en el amor, como en la vocación, es necesario tener cierto nivel de “aptitud” para poder lograr la realización. En el amor hay un continuo “dar y recibir”, algo así como un círculo virtuoso en el que se entretejen el querer al otro y el ser querido por el otro. Hay personas que no lograr amar de una manera que los realice, ya que están más centrados en ser queridas que en querer. Amar es involucrarse con el proyecto de vida del otro y contribuir a que se realice. Es también respetar y dar espacios al crecimiento y al disfrute que el otro puede lograr de la vida. En eso, el amor se parece en algo a la vocación, en la medida en que para lograr la autorrealización se necesita la aptitud de querer.

Además, del mismo modo que la vocación, el amor está lleno de desafíos que van a requerir de nuestro esfuerzo para superarlos. En la relación de pareja nos vemos ante el requerimiento de salir de nuestra zona de confort todos los días, lo cual implica, por lo general, renunciar a alguna gratificación personal para actuar en pos de una gratificación para nuestra pareja. Eso es un esfuerzo que muchas personas no logran hacer, por lo que tampoco logran (sus parejas tampoco) realizarse en su relación.

Finalmente, es importante destacar que el amor es algo que, del mismo modo que la vocación, se ejerce; y se puede ejercer con mayor o menor capacidad, con mayor o menor maestría. El amor no es algo que simplemente “nos ocurre”, sino que involucra la capacidad de tomar, día a día, decisiones caracterizadas por la generosidad y la empatía. El amor es intención y es propósito, no casualidad ni tampoco automatismo.

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